Mira el cepillo que usas todos los días. Entre las cerdas hay pelo enredado, y debajo de ese pelo, en la base, una capa gris que no es polvo del ambiente. Es una mezcla de restos de productos, aceite natural del cabello y pelusa de la casa. Casi nadie lo lava, y es de los objetos que más veces al día tocamos.
La frecuencia razonable depende del uso. Sacar el pelo enredado conviene hacerlo cada dos o tres días, porque es rápido y evita que se compacte. El lavado a fondo, con agua, una vez cada dos o tres semanas alcanza para la mayoría. Si usas muchos productos de peinado, una vez por semana es mejor idea.
Para retirar el pelo, el truco más práctico es un palillo largo o el mango fino de un peine. Se pasa por debajo del pelo acumulado, paralelo a la base, y se levanta todo de una vez como si fuera una capa. Sale entero y en un movimiento, en lugar de tener que ir tirando mechón por mechón.
El lavado es simple. Agua tibia en un recipiente, unas gotas de champú o de jabón líquido suave, y el cepillo sumergido con las cerdas hacia abajo unos minutos. Después se frota la base con un cepillo de dientes viejo, se enjuaga bien y listo. La parte que más suciedad suelta siempre es la almohadilla de goma.
Hay un detalle importante según el material. Los cepillos de madera no deben quedar en remojo, porque el agua daña la madera y afloja el barniz. En esos casos conviene limpiar solo las cerdas con un paño húmedo y jabón, evitando mojar la base. Los de plástico, en cambio, aguantan el remojo sin problema.
El secado es la parte que más se descuida. Un cepillo guardado húmedo, sobre todo si tiene almohadilla, tarda mucho en secar por dentro y empieza a oler. Lo correcto es dejarlo boca abajo sobre una toalla, con las cerdas apoyadas, para que el agua escurra hacia afuera y no se acumule en la base.
Aprovecha el momento para revisar el estado del cepillo. Si faltan cerdas, si las puntas de plástico perdieron su bolita protectora o si la almohadilla está agrietada, conviene reemplazarlo. Un cepillo dañado tira más del pelo y engancha más, así que dura menos de lo que uno cree aunque parezca entero.
Y ya que estás, revisa el resto del cajón del baño con el mismo criterio. Las peinetas, las ligas viejas, los broches con el resorte flojo. Es una limpieza de cinco minutos que casi nunca está en ninguna lista de tareas, y que deja una sensación desproporcionadamente buena para el poco trabajo que da.






