El pasto recién regado a las siete de la tarde, la vereda de tierra en la casa de la abuela, la arena de la orilla. Casi todo el mundo tiene un recuerdo de andar descalzo, y casi nadie lo hace ya de adulto. En los últimos años, sin embargo, la costumbre volvió a aparecer en conversaciones y en publicaciones de redes.
Lo que la gente describe es bastante concreto y no necesita explicaciones grandilocuentes. Es una sensación: la temperatura del suelo, la textura irregular, la humedad. El pie tiene una enorme cantidad de terminaciones nerviosas y pasa la vida entera dentro de una media y un zapato, sobre superficies planas y previsibles. Sacarle esa capa cambia la información que recibe.
También cambia la forma de caminar. Sin suela, los pasos se acortan y se apoyan distinto porque uno presta atención a dónde pisa. Ese caminar más lento y más atento es probablemente la mitad de lo que la gente disfruta: obliga a estar en el lugar donde uno está, algo que no abunda en un día común.
Conviene decirlo con claridad: no hay que atribuirle propiedades curativas ni beneficios que nadie pueda comprobar. Es una actividad agradable, gratuita y accesible, y eso ya alcanza como motivo. Cualquier promesa más grande que esa merece desconfianza, sobre todo cuando viene acompañada de un producto para comprar.
La parte práctica sí importa. Antes de sacarse los zapatos, hay que mirar el suelo: vidrios, tapitas, espinas, restos de animales, superficies muy calientes al mediodía. Un pasto conocido, la arena de una playa limpia o el piso del propio patio son opciones razonables. Una vereda cualquiera del centro, no.
Quien no está acostumbrado debería empezar con poco. Cinco o diez minutos la primera vez es suficiente, porque la planta del pie que vivió siempre protegida se resiente rápido. Después conviene lavar bien los pies y revisarlos, sobre todo si se caminó por tierra o arena.
Hay personas que deben tener cuidados especiales con sus pies o consultar antes con un profesional de la salud. En esos casos, la recomendación es simple: preguntar primero y no seguir consejos de internet, incluido este texto.
Para el resto, es una de las cosas más simples que se pueden probar esta semana. Diez minutos en el pasto de una plaza, sin celular, sin objetivo y sin apuro. No promete nada. Simplemente se siente bien, y a veces eso basta.






