El bebedero de colibríes colgaba de la rama baja del limonero y funcionaba perfectamente hasta que llegó el perro. Cada vez que un pájaro se acercaba, él salía disparado desde el escalón, ladraba tres veces y volvía orgulloso a su lugar. Los colibríes dejaron de venir durante casi dos semanas.
Lo que ocurrió después no fue entrenamiento formal, sino algo más simple. La familia empezó a sacarlo al patio siempre con la correa puesta, dejándolo sentarse en el escalón mientras alguien lo acompañaba, y a premiarlo con una caricia cuando se quedaba quieto y el pájaro seguía bebiendo.
Ese es, en el fondo, el principio que funciona con la mayoría de los perros. En lugar de castigar la persecución, se recompensa la calma. Un perro que recibe atención por quedarse quieto tiene un motivo para repetirlo; un perro al que solo se le grita aprende únicamente a hacerlo cuando no lo miran.
Los colibríes ayudaron sin saberlo. Son extremadamente rápidos, se acostumbran a la presencia constante de personas y animales, y vuelven al mismo bebedero por costumbre si nada los ataca de verdad. En pocos días recuperaron la ruta y empezaron a ignorar al perro sentado a tres metros.
Para quien quiera montar un bebedero en casa, hay reglas concretas que importan más que el modelo. La mezcla se hace solo con agua y azúcar, sin colorantes, sin miel y sin edulcorantes. Y hay que lavarlo cada pocos días con agua caliente, más seguido si hace mucho calor, porque el líquido se echa a perder rápido.
La ubicación también cambia el resultado. Conviene colgarlo a la sombra parcial, lejos del alcance de un salto y cerca de alguna rama donde los pájaros puedan posarse a descansar. Un bebedero al sol pleno se calienta y el líquido se arruina en menos de un día.
Y hay un detalle que sorprende a mucha gente: las plantas con flores funcionan mejor que cualquier bebedero. Un par de especies de flor tubular en macetas atraen colibríes de manera constante, sin mantenimiento, sin azúcar y sin riesgo de fermentación.
Con gatos la situación es distinta y bastante más delicada. Un gato doméstico sí caza aves con eficacia, y ninguna cantidad de entrenamiento cambia eso. Lo que funciona es colocar los bebederos y comederos en lugares altos y despejados, lejos de muros y ramas desde donde se pueda saltar, y limitar las salidas al jardín en las horas de mayor actividad de los pájaros, que son las primeras de la mañana.
El perro, dicen en la casa, ahora sale al patio y se echa en el escalón por costumbre. No es que le hayan enseñado a querer a los pájaros. Simplemente aprendió que quedarse quieto es lo que hace que la escena siga ocurriendo.






