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La jerga que usan los adolescentes y por qué conviene escucharla

Relaciones · 2026-09-08
La jerga que usan los adolescentes y por qué conviene escucharla

Las palabras que aparecen en los chats de tus hijos cambian cada temporada, y entenderlas abre más puertas que prohibirlas.

Estás manejando y desde el asiento de atrás llega una conversación entera que no entiendes. No es otro idioma: son palabras en español mezcladas con términos que aparecieron hace tres meses en internet y que en tu casa nadie te explicó.

La jerga adolescente siempre existió. Cambian los canales, no el fenómeno. Lo distinto ahora es la velocidad: una palabra nace en un video, se vuelve broma interna en un grupo del colegio y se apaga antes de que los adultos alcancen a escucharla dos veces.

Muchas madres y padres reaccionan de dos maneras opuestas, y ninguna funciona demasiado. Una es ignorar todo, con el argumento de que son cosas de chicos. La otra es alarmarse con cada término nuevo y prohibirlo, lo que suele conseguir que los chicos simplemente dejen de hablar cerca de nosotros.

Hay un punto intermedio más útil: preguntar con curiosidad real, sin tono de interrogatorio. Un simple «¿qué significa eso?» dicho sin ironía funciona mejor que cualquier búsqueda a escondidas, y de paso le devuelve al adolescente el papel de quien sabe algo que tú no.

Ese hábito tiene un beneficio que va más allá del vocabulario. Cuando un hijo se acostumbra a explicarte cosas menores sin que reacciones mal, es mucho más probable que te cuente algo importante el día que lo necesite. La confianza se construye con temas chicos.

También conviene saber que parte de la jerga que circula sirve para etiquetar y burlarse de otros, sobre todo de chicas. Reconocer esas palabras no significa usarlas ni permitirlas: significa poder nombrar lo que pasa y conversar sobre cómo se siente estar del otro lado de una etiqueta.

Una conversación que funciona bien suele empezar por lo general y no por lo personal. Preguntar qué apodos circulan en el curso, si a alguien le molesta, qué hacen los demás cuando eso pasa. Es más fácil hablar de terceros que de uno mismo, y desde ahí el tema se acerca solo.

Hay un error que conviene evitar: usar la jerga de ellos para hacer gracia. Los adolescentes lo detectan de inmediato y suele producir el efecto contrario, porque sienten que se les está imitando. Entender las palabras sirve para conversar, no para adoptarlas. La distancia generacional no es un problema a resolver, es apenas un dato de la conversación.

Nadie necesita hablar como sus hijos para acompañarlos. Alcanza con escuchar sin corregir cada frase, preguntar cuando algo no se entiende y dejar claro, sin discursos largos, que en casa hay lugar para contar cualquier cosa.

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