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Los frasquitos de shampoo del hotel: qué conviene hacer con ellos

Estilo de vida · 2026-09-08
Los frasquitos de shampoo del hotel: qué conviene hacer con ellos

Casi todos los guardamos en la maleta y después quedan años en un cajón del baño sin que nadie los abra.

Terminas de armar el bolso, miras la repisa del baño del hotel y ahí siguen: cuatro frasquitos diminutos de shampoo, acondicionador, gel y crema. Los metes casi por reflejo, como hizo tu familia toda la vida. Tres meses después están en un cajón de tu casa, intactos.

Ese cajón existe en muchísimos hogares. Se llena de a poco, viaje tras viaje, hasta convertirse en una colección de plástico de la que nadie se acuerda. La intención era buena y el resultado es una gaveta que no se puede cerrar del todo.

Vale la pena mirar de cerca lo que uno se lleva. Muchos hoteles cambiaron los frascos individuales por dispensadores fijos en la ducha, precisamente porque calcularon cuánto plástico se tira por habitación y por noche. Los frasquitos, además, casi nunca alcanzan para un lavado completo si tienes el pelo largo.

Si igual te los llevas, conviene darles un destino desde el primer día en lugar de dejarlos flotando en el neceser. Guardarlos todos juntos en una bolsa transparente que ya vive dentro de la maleta hace que la próxima vez que viajes tengas el equipaje de mano resuelto sin comprar nada.

También funcionan bien para cosas que no tienen que ver con viajar. El gel de ducha sirve para lavar a mano una prenda en el lavabo; la crema para manos queda perfecta en la guantera del auto o en el cajón del escritorio; los frascos vacíos, una vez lavados, se convierten en envases para llevar tu propio producto la próxima vez.

Los jabones sólidos son otro tema. Muchos quedan usados a la mitad y ahí sí conviene dejarlos, porque en la mayoría de los casos no se reutilizan de una habitación a otra. En cambio, un jabón nuevo sin abrir viaja bien y termina en el lavadero de casa sin ningún problema.

Hay algo que muchos huéspedes no saben: en varios hoteles alcanza con pedir en recepción los frascos que necesites. Si te olvidaste el shampoo, no hace falta acumular; con pedirlo se resuelve. La costumbre de llevárselo todo nació cuando esos productos eran difíciles de conseguir, y hoy ya no lo son.

Si el cajón de tu casa ya está lleno, hay salidas prácticas. Algunas organizaciones barriales y refugios reciben productos de higiene sin abrir, y esos frasquitos pequeños son justamente el formato más útil para quien no tiene dónde guardar un envase grande. Conviene consultar antes qué aceptan.

Al final, el frasquito no es el problema. El problema es guardarlo sin decidir para qué. Elegir en el momento entre dejarlo, usarlo o donarlo convierte un gesto automático en algo con sentido, y de paso libera un cajón entero del baño.

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