Escuchas la sirena antes de ver nada. Miras los espejos, no la ubicas, la sirena suena más fuerte y empieza el nerviosismo. En ese punto mucha gente hace exactamente lo que no conviene: frena de golpe, se cruza de carril sin mirar o se detiene en el medio de una intersección. Vale la pena tener resuelto de antemano qué hacer.
Lo primero es identificar de dónde viene. Bajar la música ayuda muchísimo, porque el sonido rebota entre los edificios y confunde. Mira los tres espejos y también hacia adelante, porque la ambulancia puede venir de frente por el carril contrario y el reflejo de las luces en las paredes suele delatarla antes que el ruido.
Lo segundo, y lo más importante, es no frenar en seco. Un frenazo brusco genera un riesgo inmediato para quien viene atrás y no resuelve nada. Lo correcto es reducir la velocidad de manera progresiva, señalizar con la luz de giro y moverte hacia el costado que te deje libre el paso, en general hacia la derecha.
Si estás detenido en un semáforo y no hay espacio, no intentes cruzar en rojo para despejar. Es una maniobra que provoca accidentes y que en muchos lugares además es una infracción. Lo que sí puedes hacer es avanzar unos metros hacia adelante o pegarte lo más posible al cordón para abrir un pasillo entre las filas de autos.
Ese pasillo es la clave en calles angostas y en avenidas congestionadas. Si cada fila se corre hacia su lado, queda un canal en el centro por donde el vehículo de emergencia puede avanzar. Funciona mucho mejor que si todos intentan salir hacia la derecha al mismo tiempo, porque ahí simplemente se traba todo.
Hay dos errores adicionales muy comunes. El primero es acelerar para dejar pasar rápido, que multiplica el riesgo en una calle donde ya hay un vehículo circulando fuera de lo normal. El segundo es seguir a la ambulancia aprovechando el espacio que abre. Además de peligroso, deja al vehículo de emergencia sin margen si tiene que frenar.
Como peatón también hay algo que hacer, y es más simple: no cruzar hasta ver el vehículo pasar completo, aunque el semáforo te dé el paso. Muchas veces circulan dos unidades seguidas, y la segunda es la que sorprende a quien ya empezó a cruzar creyendo que todo terminó.
Nada de esto es complicado, pero se ejecuta mucho mejor cuando ya lo pensaste antes. Si la próxima vez que escuchas una sirena bajas el volumen, miras los espejos con calma y te corres sin frenazos, ya hiciste el noventa por ciento de lo que se espera de cualquier conductor en esa situación.






