La puerta quedó entornada dos minutos, el portón lo abrió alguien que venía de visita, o el ruido de un cohete lo hizo salir corriendo. En cualquiera de esos casos el resultado es el mismo: el perro no está y la casa se convierte en un lugar donde nadie sabe qué hacer primero.
Lo primero es no salir todos a la vez. Conviene que quede una persona en casa, con la puerta abierta y el portón visible, porque una parte importante de los perros vuelve solo al lugar de donde salió, sobre todo cuando pasa el susto inicial. Si no hay nadie, dan la vuelta y siguen.
Lo segundo es buscar cerca y bajo. La mayoría de los animales asustados no corre kilómetros: se esconde. Autos estacionados, huecos de escaleras, obras en construcción, arbustos, patios traseros. Vale la pena recorrer la manzana en silencio, agachándose y mirando debajo, en lugar de recorrer diez cuadras gritando.
El grito, de hecho, complica. Un perro en pánico asocia el tono agudo y urgente con problemas y se queda quieto donde está. Funciona mucho mejor hablar en el tono habitual, el mismo con el que uno lo llama para comer, y agitar el envase de premios o la correa, que suenan a rutina conocida.
Los avisos importan y hay un orden útil. Grupos de vecinos del barrio, cuentas locales de mascotas perdidas, veterinarias cercanas y, si existe, el servicio municipal de animales. En el aviso conviene poner foto nítida, zona, hora exacta y una seña particular. Nada de datos innecesarios y siempre un teléfono de contacto.
El cartel de papel sigue funcionando mejor de lo que se cree, sobre todo en zonas donde mucha gente no está en redes. Letra grande, foto arriba, pocas palabras y colocado a la altura de los ojos en esquinas, almacenes, paradas de colectivo y la entrada de la escuela.
En la noche, la búsqueda cambia. Muchos perros perdidos se mueven cuando baja el ruido de la calle. Salir muy temprano en la mañana, con una prenda de la casa y algo de comida de olor fuerte, da mejores resultados que caminar a la tarde en pleno movimiento.
Y la prevención vale más que todo lo anterior: chapita con teléfono siempre puesta, microchip registrado y con los datos actualizados, y fotos recientes de frente y de perfil guardadas en el celular. Son tres cosas que se resuelven en una tarde y que cambian por completo lo que pasa el día que se abre la puerta.






