Sirves un vaso de agua, lo dejas en la mesa de noche y a la mañana siguiente tiene otro sabor. No se echó a perder: cambió. Y esa pequeña diferencia explica bastante sobre cómo conviene guardar el agua en cada recipiente que hay en la casa.
Lo que pasa en el vaso abierto es simple. El agua en reposo pierde parte de los gases disueltos y toma otros del aire de la habitación, incluido cualquier olor que ande dando vueltas. Por eso el agua de la mesa de noche sabe plana, y por eso conviene taparla con un platito si la vas a dejar toda la noche.
La jarra de vidrio es la mejor opción para la mesa. No transmite sabores, se lava fácil y se ve cuando está sucia por dentro. Su punto débil es la tapa: mucha gente la deja destapada en la cocina durante horas, y ahí entra polvo y aromas de lo que se está cocinando.
Las jarras de plástico duran más y pesan menos, pero absorben olores con el tiempo, sobre todo si alguna vez llevaron jugo. Si la tuya ya quedó con ese fondo dulce que no se va, un remojo con agua y bicarbonato durante una noche suele resolverlo mejor que el detergente común.
El termo de acero es el campeón de la temperatura y el más descuidado en la limpieza. Como no se ve el interior, se enjuaga rápido y se guarda. Conviene lavarlo con un cepillo largo, prestando atención a la rosca de la tapa y a la junta de goma, que es donde se acumula todo.
Las botellas reutilizables piden una rutina simple: enjuagar cada día, lavar a fondo cada semana y secar boca abajo, destapadas. Guardarlas cerradas con humedad adentro es lo que produce ese olor característico que después ningún lavado rápido logra sacar.
Un par de reglas generales sirven para todos los recipientes. No rellenar sobre el agua vieja, sino vaciar y volver a llenar. No dejar el agua al sol, ni en el auto durante días. Y no usar botellas de un solo uso como si fueran permanentes: no están hechas para eso y se rayan por dentro.
Ninguna de estas cosas cuesta trabajo ni dinero. Son costumbres de treinta segundos que hacen que el agua de casa sepa a agua, y no al recipiente donde estuvo. Empieza por el termo: es el que más sorprende cuando se limpia bien por primera vez.






