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Cómo imaginaba la gente el futuro hace sesenta años

Curiosidades · 2026-09-08
Cómo imaginaba la gente el futuro hace sesenta años

Autos voladores, comida en pastillas y robots domésticos: las promesas del siglo pasado fallaron de una manera muy curiosa.

Las revistas viejas son una máquina del tiempo bastante graciosa. En sus páginas, el futuro tenía autos que despegaban desde el garaje, ciudades con pasillos elevados y familias cenando pastillas de colores. Nada de eso llegó. Y en cambio llegaron cosas que ninguna de esas ilustraciones se molestó en imaginar.

El error más repetido fue de dirección. Casi todas las predicciones se enfocaron en el transporte y en la mecánica: cómo movernos más rápido, cómo automatizar tareas físicas. Muy pocas anticiparon que el cambio grande iba a ser de comunicación, es decir, de cuánta información puede pasar de una persona a otra en un segundo.

Hay una excepción interesante: el videoteléfono. Aparece una y otra vez en las ilustraciones antiguas, con una pantalla enorme empotrada en la pared. Acertaron en la función y fallaron por completo en el tamaño y en el precio. Nadie dibujó que ese aparato terminaría en el bolsillo de casi todo el mundo.

Las tareas domésticas también generaban muchas fantasías. Se imaginaba una casa que se limpiaba sola, con brazos mecánicos plegables saliendo de las paredes. Lo que existe hoy es más modesto y más práctico: máquinas que hacen bien una sola cosa. La cocina moderna se parece bastante más a la de hace décadas de lo que aquellas revistas esperaban.

La comida es el capítulo más equivocado de todos. La idea de reemplazar una cena por cápsulas subestimó algo obvio: comer no es solo alimentarse. Es sentarse, conversar, oler, tardar. Ninguna eficiencia iba a competir contra eso, y sin embargo la propuesta se repitió durante años como si fuera inevitable.

También hay predicciones que envejecieron bien. Se hablaba de trabajar desde casa, de escuelas a distancia, de bibliotecas enteras consultadas sin moverse. Sonaba a fantasía y hoy es rutina para millones de personas. Curiosamente, esas ideas solían aparecer en textos, no en las ilustraciones llamativas que todos recuerdan.

Lo interesante del ejercicio no es contar aciertos. Es notar que cada época imagina el futuro con las herramientas y las preocupaciones de su presente. Se dibujaban máquinas porque las máquinas eran la novedad. Hoy imaginamos el futuro lleno de pantallas y datos por el mismo motivo, y probablemente también nos equivoquemos.

Si encuentras una revista vieja en la casa de un familiar, vale la pena hojearla con esa mirada. No para reírse de lo que erraron, sino para preguntarte qué estamos dando por obvio ahora. Dentro de sesenta años, alguien va a mirar nuestras predicciones con la misma sonrisa.

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