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El insecto que vuelve cada verano y desconcierta a todo el barrio

Animales · 2026-09-08
El insecto que vuelve cada verano y desconcierta a todo el barrio

Aparece de golpe con un zumbido que llena la cuadra entera, deja cáscaras vacías en los árboles y después desaparece.

Un día de calor el ruido empieza sin aviso. Un zumbido metálico y continuo que sale de los árboles, sube de volumen a media tarde y hace que todo el mundo levante la vista buscando de dónde viene. Son las chicharras, y su llegada marca el verano en buena parte del continente.

Lo primero que sorprende es que casi nadie las ve. El sonido llena la cuadra, pero los animales están camuflados contra la corteza, con alas transparentes y cuerpos del color de la madera. Hace falta buscar con paciencia, siguiendo el sonido, y aun así muchas veces callan justo cuando uno se acerca.

Lo segundo que llama la atención son las cáscaras. Cada tanto aparece, pegada al tronco, una figura marrón vacía y perfectamente formada, con las patas agarradas a la corteza. No es un insecto muerto: es la piel que dejó atrás al salir. Ese cascarón es una de las cosas que más fascina a los chicos.

El ciclo de estos insectos explica por qué aparecen todos juntos. Pasan gran parte de su vida bajo tierra alimentándose de raíces, y solo emergen al final para reproducirse, en un período corto y con el calor como señal. Por eso el fenómeno arranca de golpe y termina de golpe unas semanas después.

El zumbido lo producen únicamente los machos, con una estructura especial de su cuerpo que vibra a gran velocidad. No es un sonido hecho con la boca ni con las alas. Cuando muchos machos cantan al mismo tiempo en los mismos árboles, el efecto se multiplica y se vuelve el ruido de fondo del verano.

Es un insecto inofensivo. No pica, no muerde y no daña la casa. Si entra por una ventana, lo mejor es apagar la luz, abrir bien la ventana y esperar, o cubrirlo con un vaso y una hoja de papel para llevarlo afuera. No hace falta matarlo ni usar productos de ningún tipo.

Si querés verlas de cerca, hay dos momentos que funcionan. Temprano por la mañana, cuando están quietas y todavía frías. Y al atardecer, revisando los troncos de los árboles grandes con una linterna, sobre todo en la parte baja, donde suelen quedar los cascarones.

Cuando el calor baja, el ruido se apaga en pocos días y el barrio vuelve al silencio de siempre. Quedan los cascarones pegados a los troncos durante semanas, como recuerdo de un animal que pasó años bajo tierra para cantar unos pocos días arriba.

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