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Remolacha: cómo cocinarla sin manchar toda la cocina

Comida · 2026-09-08
Remolacha: cómo cocinarla sin manchar toda la cocina

Tiñe la tabla, las manos y el mantel, y por eso mucha gente la evita. Con dos cambios de método el problema desaparece casi por completo.

La remolacha tiene fama de complicada por una sola razón: mancha. Deja la tabla rosada, las manos moradas y una gota que cae al mantel no se va nunca. Ese detalle práctico hizo que muchas cocinas la dejaran fuera del menú, aunque sea barata, rinda mucho y aguante bien en la despensa.

El truco principal es cocinarla entera y sin pelar. Con la piel puesta y unos centímetros de tallo, se hierve o se hornea sin cortar nada. La piel actúa como envoltorio y el jugo se queda adentro. Recién después, cuando está tibia, se pela con las manos y la piel sale sola con un frotón.

Al horno queda mejor que hervida y con mucho menos desorden. Se envuelve cada una en papel aluminio, se ponen en una fuente y se hornean hasta que un cuchillo entra sin esfuerzo. Concentran su dulzor en vez de dejarlo en el agua, y la cocina no queda con olor a olla hirviendo durante una hora.

Para las manos, la solución más simple son guantes de cocina descartables. Si no hay, frotarse las manos con un poco de jugo de limón y sal antes de lavarlas quita buena parte del color. Sobre la tabla, conviene usar la de plástico y lavarla enseguida, antes de que el pigmento se asiente.

Una vez cocida, se abre un abanico de opciones. En ensalada con cebolla morada y un chorro de vinagre. Rallada cruda sobre otras verduras. En puré junto con papa, que suaviza el sabor y deja un color llamativo. En sopa fría, o en trozos al horno junto con zanahoria y cebolla.

Las hojas también se comen y casi todo el mundo las tira. Las verdes tiernas, salteadas con ajo y un poco de aceite, funcionan igual que las acelgas, a las que están emparentadas. Comprar remolacha con hojas es, en la práctica, comprar dos verduras al precio de una.

Guardar es sencillo. Cruda y sin hojas aguanta semanas en la parte baja de la heladera. Cocida y pelada dura varios días en un frasco cerrado, y también se puede congelar en trozos. Muchos la cocinan una vez a la semana y la van usando en distintas preparaciones.

Sobre la ropa hay un detalle que salva prendas. Si cae jugo de remolacha, conviene enjuagar de inmediato con agua fría y nunca con agua caliente, porque el calor fija el color. Después, un poco de jabón frotado con los dedos y otro enjuague. Lo que arruina la prenda casi siempre es dejarla para el día siguiente o meterla directamente a la secadora, que termina de fijar la mancha para siempre.

Es de esas verduras que se abandonan por un motivo puramente logístico. Resuelto el desorden, resulta ser una de las más fáciles de tener siempre a mano.

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